Hoy en día la discusión ya no pasa por si vale la pena o no hacer un screening cognitivo antes de una cirugía, sino que la pregunta es qué herramienta usamos en el día a día. Hay varios test validados, pero la evidencia se la llevan tres: el Mini-Cog, el MoCA y el Mini-Mental (MMSE).

El Mini-Mental fue el rey por años y todo el mundo lo conoce. Pero ahora sabemos que no es tan bueno para pesquizar deterioros cognitivos leves y que el nivel educacional le afecta sus resultados.

El MoCA, en cambio, es lo más completo que hay: evalúa memoria, atención, funciones ejecutivas, lenguaje, orientación y habilidades visuoespaciales. Por eso es ideal cuando uno ya sospecha que hay algún problema. El problema es que toma unos diez minutos, necesitas entrenamiento y la licencia no es gratis.

El Mini-Cog parece mejor opción . Son solo dos tareas: repetir tres palabras y dibujar un reloj, y después volver a pedirle que recuerde esas palabras. En tres minutos tienes un screening simple, gratis y fácil de aplicar, que rinde bien para identificar a esos pacientes que podrían necesitar una mirada más profunda.

Por eso el consenso de SPAQI lo recomienda como la herramienta más práctica para partir con un programa de evaluación cognitiva en la consulta preoperatoria.

Pero ojo, el mensaje clave no es que exista un test perfecto, porque no lo hay. El mejor test es el que realmente puedas aplicar de forma sistemática a los pacientes que corresponden. Un programa de cribado que se haga siempre va a tener mucho más impacto clínico que una herramienta más sofisticada que al final usas solo de vez en cuando.

Si el Mini-Cog sale alterado o te quedan dudas clínicas, lo lógico es hacer una evaluación más completa, como el MoCA, o derivar a un especialista si corresponde.


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