Septiembre dejó varias publicaciones interesantes para la práctica perioperatoria cotidiana. Seleccioné cinco que, más que imponer nuevas conductas, plantean preguntas útiles sobre decisiones que tomamos antes, durante y después de una cirugía.
El primer estudio evaluó a más de 47.000 pacientes y encontró una mayor frecuencia de regurgitación o aspiración entre quienes utilizaban agonistas GLP-1. Un dato especialmente relevante es que estos eventos ocurrieron con mayor frecuencia durante la emergencia anestésica (al despertar y extubar). El problema, por tanto, no parece limitarse al ayuno o la inducción; también obliga a pensar en el despertar y la extubación. Es un estudio observacional, pero introduce un nuevo concepto.
Otra cohorte multicéntrica estudió las etiquetas de alergia medicamentosa. Casi tres de cada diez pacientes tenían alguna registrada y presentaron más complicaciones postoperatorias (infecciones y reacciones alérgicas), . La asociación no demuestra causalidad, pero refuerza una práctica básica: “soy alérgico” no debería cerrar la anamnesis; debería iniciar preguntas sobre el medicamento, la reacción y sus circunstancias.
Un nuevo consenso sobre cirugía ambulatoria amplía la mirada desde la selección y optimización preoperatorias hasta la recuperación y el alta. Su principal valor es recordar que la seguridad ambulatoria depende de un circuito completo, no solamente de una técnica anestésica.
En el intraoperatorio, un metaanálisis mostró que la monitorización continua no invasiva de presión arterial puede reducir la carga acumulada de hipotensión, aunque todavía no sabemos si esto mejora desenlaces orgánicos relevantes.
Finalmente, el estudio NOHARM consiguió reducir alrededor de 10% la exposición postoperatoria a opioides con iguales resultados en dolor y función física.
Ese sería el hilo conductor del mes: medir mejor el problema antes de concluir que una intervención mejora al paciente.


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