La fragilidad es un estado de disminución de la reserva fisiológica que hace que una persona sea más vulnerable frente a un estrés como una cirugía. No es simplemente edad avanzada, comorbilidad o discapacidad: pacientes de la misma edad pueden tener capacidades muy diferentes para tolerar y recuperarse de una intervención. Puede entenderse como la acumulación de déficits físicos, funcionales, nutricionales, cognitivos y de salud que reducen esa capacidad de adaptación.


En cirugía, la fragilidad se asocia con más complicaciones, pérdida de independencia, alta a instituciones, mortalidad y trastornos neurocognitivos perioperatorios. Por eso, la evaluación cognitiva que revisamos previamente no reemplaza la evaluación de fragilidad.

Ambas condiciones se relacionan y frecuentemente coexisten, pero representan dimensiones diferentes de vulnerabilidad. Un paciente puede tener cognición aparentemente conservada y, sin embargo, ser frágil y tener una reserva muy limitada frente al estrés quirúrgico.

La ASA recomienda considerar en adultos mayores una evaluación preoperatoria ampliada que incluya tanto cognición como fragilidad, además de función y aspectos psicosociales. La pregunta más interesante es si la fragilidad aporta información sobre el riesgo cerebral que no obtenemos simplemente midiendo cognición.

Un metaanálisis de 16 cohortes y 4.805 pacientes encontró que la fragilidad preoperatoria se asoció con aproximadamente 2,4 veces mayor riesgo de trastornos neurocognitivos perioperatorios. Además, un estudio con evaluación neuropsicológica hasta 12 meses encontró asociación entre fragilidad y deterioro cognitivo incluso después de ajustar por cognición basal mediante MMSE. Sin embargo, esta independencia no ha sido demostrada de manera uniforme: otros estudios encontraron asociación independiente con delirium, pero no con deterioro cognitivo posterior.

Por lo tanto, la evidencia actual sugiere que fragilidad y cognición son complementarias, no intercambiables, aunque cuánto agrega cada una depende de la herramienta utilizada y del desenlace estudiado. Evaluar ambas permite construir una imagen más completa de la reserva del paciente antes de someterlo al estrés de una cirugía.

La siguiente pregunta práctica es sencilla: ¿cómo podemos detectar fragilidad de manera rápida y reproducible durante la evaluación preoperatoria?


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