Individualizar la profundidad anestésica

La prevención de los trastornos neurocognitivos perioperatorios comienza antes de la cirugía, pero continúa dentro del pabellón. En pacientes mayores, frágiles o con menor reserva cognitiva, una de las decisiones más relevantes es evitar una anestesia más profunda de lo necesario.

La monitorización de electroencefalograma (EEG) procesada (por ej. BIS, SedLine, etc.) puede ayudar a ajustar la exposición anestésica, aunque no debe reducirse a perseguir un número específico. La presencia de burst suppression intraoperatorio, y especialmente una mayor duración de estos períodos de supresión, se ha asociado con mayor riesgo de delirium postoperatorio; observar cómo responde individualmente el cerebro puede ser más útil que aplicar un objetivo uniforme.

Mantener una fisiología cerebral favorable

La estabilidad hemodinámica también importa. Un metaanálisis publicado en 2026, que incluyó 18 ensayos randomizados y 16.573 pacientes sometidos a cirugía no cardíaca, encontró que estrategias intraoperatorias con objetivos de presión arterial más altos o individualizados se asociaron con menor delirium postoperatorio: RR 0,72; IC95% 0,55–0,93. Este beneficio no se observó para lesión miocárdica, lesión renal aguda ni mortalidad.

El hallazgo no define una PAM “protectora” universal. Los estudios combinaron objetivos fijos elevados y estrategias individualizadas según la presión basal. El mensaje práctico es más prudente: evitar hipotensión significativa y considerar objetivos individualizados en pacientes con mayor vulnerabilidad cerebral.

Controlar adecuadamente el dolor

El dolor y la nocicepción también forman parte de la carga fisiológica perioperatoria. Una analgesia multimodal adecuada y el uso de técnicas regionales cuando aportan un beneficio real pueden disminuir dolor y exposición innecesaria a opioides.

Considerar estrategias farmacológicas selectivas

La dexmedetomidina mantiene una señal favorable en algunos grupos de pacientes, especialmente en cirugía no cardíaca, aunque debe balancearse con su mayor riesgo de bradicardia e hipotensión.

El objetivo no es una técnica aislada

Cuidar la salud cerebral perioperatoria significa reconocer al cerebro vulnerable y reducir agresiones potencialmente modificables: exceso de profundidad anestésica, supresión cerebral innecesaria, hipotensión, dolor mal controlado y alteraciones fisiológicas relevantes. La estrategia es acumulativa e individualizada, no depende de una única técnica “neuroprotectora”.


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